Dic 04

La vida después del temblor en la Ciudad de México

Texto de Ana Ivonne Cedillo

Fotografías de José Luna

 

Mi vida y negocio colapsados

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Antes de que la tierra se sacudiera, en su tienda de abarrotes Alejandro había terminado de atender a uno de sus clientes, y ya solo, caminó hacia la puerta para charlar con los amigos que regularmente se sentaban en el quicio que tenía fuera de su negocio. Al dar el primer paso sobre la banqueta sintió la primera sacudida, de pronto todo comenzó a moverse.

Él pudo resguardarse en la acera de enfrente y mirar como el edificio de su negocio colapsaba ante sus ojos. Nunca olvidará el ruido que escuchó cuando esto sucedió. Sabía que lo que miraba en ese momento era “la conclusión de un capitulo y el comienzo de un cambio radical en su vida”.

José Alejandro Garibay era dueño de la tienda de abarrotes “Algeca», uno de los cinco negocios que se encontraban en la planta baja del edificio de Concepción Béistegui 1503. Por 26 años, abrió y cerró su negocio de 6:00 de la mañana a 9:00 de la noche, “el mayor tiempo del día me la pasaba aquí, en Algeca dejé gran parte de mi vida, hora ya no existe”, comenta.

De la mercancía y material que existía en la tienda, solo recuperó el cinco por ciento, todo lo demás se quedó adentro. Ante este escenario, ve complicado comenzar nuevamente su negocio; dice: “necesitaría alrededor de cien mil pesos para lograrlo, así que prefiero esperar unos meses o quizá un año mientras dura la reconstrucción”.

Hasta el momento Alejandro ha recibido el apoyo de 3000 mil pesos que el gobierno de la Ciudad de México otorgó a los damnificados, también los 2000 pesos de la Secretaría de Desarrollo Económico (SEDECO), pero sabe que esa ayuda solo durará un tiempo.

El Ángel de Adela

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María Adela no quiere hablar sobre lo que pasó el 19 de septiembre, dice que fueron momentos dolorosos que al recordarlos la hacen llorar. Ella esquiva la mirada y limpia con un pedazo de papel las lágrimas que no pudo retener.

Adela era propietaria de la estética El Ángel, su local se encontraba a lado de la tienda del señor Alejandro. Así como Alejandro, aunque no habitaba en el edificio, la mayor parte del día se la pasaba con sus clientas a quienes cortaba y arreglaba el cabello. “Sé que existen casos más graves y dolorosos que el mío, sin embargo, mi estética era parte de las actividades que le daban sentido a mi vida”, platica Adela; y continua: “Mi hija me había recomendado que dejara de trabajar y que solo rentara el local, pero ¿te imaginas encerrarme en la casa y no hacer nada?”, cuestiona mientras agranda esos ojos claros pero enrojecidos por el llanto.

Cuando tembló, ella se encontraba atendiendo en la estética, recuerda que el movimiento no la dejaba caminar. El edificio crujía y ahora sabe porque, “los vidrios se caían, las cosas caían, todo se venía abajo», describe.

También pudo resguardarse en un lugar seguro, pero lo que más le preocupaba en ese momento era la señora Lupita, una mujer de más de 80 años a quien minutos antes había visto pasar por la calle. “Ella había salido a comprar pan, no había regresado, hubiera muerto si así hubiera sido pues su departamento fue el primero que se desplomó, Lupita volvió a nacer”, narra Adela sorprendida mientras busca las fotos que tomó con su celular para mostrar la forma en la que se derrumbó el edificio.

La construcción de cuatro pisos no se desplomó en su totalidad, se derrumbó solo de una esquina, justamente el primero en destruirse fue el departamento de la señora Lupita, sobre él los tres departamentos siguientes, uno sobre otro. Las viviendas que se encontraban al otro costado del edificio y los cinco negocios de la planta baja permanecieron. Sin embargo, después del sismo ya nadie pudo regresar.

Cuando se anunció la demolición total y al enterarse de que darían unos minutos para recuperar algunas pertenencias, Adela se apresuró para estar en el lugar e intentar rescatar lo que se pudiera. “cuando me asomé a la estética todo seguía ahí, pero no veía a mi virgen. Busqué, pregunté y nadie sabía de ella; la encontré colgada en la parte de atrás del edificio, seguramente alguien de protección civil la vio y la colocó ahí”, piensa Adela y saca otra vez  su celular para buscar la foto que le tomó a su virgen después de encontrarla.

Quizá de sus pertenencias ella solo puedo recuperar lo mínimo, pero haber rescatado la imagen de la virgen la tiene satisfecha.

De pie y trabajando

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Cuando a los vecinos de Concepción Béistegui se les pregunta por el Señor Enrique, en seguida dan noticias de él, todos lo conocen, quizá porque desde el 19 de septiembre no solo vive en una carpa, ahora también labora ahí.

Una cama improvisada, una casa de campaña, un burro de planchar y docenas de ropa colgada en ganchos, es como se mira el espacio en el que ahora duerme aquel hombre de cabello cano y ojos tristes.

Antes del temblor del 19, Enrique vivía en un cuarto que le prestaban en el edificio de Béistegui 1503, además por nueve años fue empleado de la tintorería “La 12na”, uno de los negocios más afectados en el derrumbe.

Al igual que sus vecinos de los otros negocios, Enrique García sintió, miró y vivió el terremoto del martes 19. “No recuerdo como salí, no sé si abrí la puerta o brinqué el mostrador, solo recuerdo que antes de salir me regresé a apagar las planchas, las pastillas, todo lo eléctrico que teníamos en la tintorería; después de eso me caían cosas sobre mis hombros, vidrios, escombros; fue cuando pensé que esto era más grave de lo que imaginaba”, platica Enrique.

La pérdida del cuarto que le prestaban para dormir y sobre todo la pérdida de su empleo lo desanimaron por unos días. Sin embargo, a las dos semanas y gracias a la idea de un vecino, Enrique decidió colocar un burro de planchar en la calle y continuar con su oficio, planchar la ropa.thumbnail_Señor-enrique-2-640x427

El trabajo ha resultado, no solo por el anuncio que colocó al principio, sino también por la ayuda que se difundió en las redes sociales. “Agradezco a toda la gente que me ha ayudado y me ha tenido la confianza de traer su ropa porque yo no tengo ningún lugar fijo para resguardarla, si no fuera por esa confianza júrelo que no tuviera ninguna prenda”, comenta.

Para trabajar, ahora Enrique ya no tiene un horario fijo, se ha organizado solo para cumplir con las docenas que le llevan y poder cobrar los 108 pesos que le dan por ellas.

Él no descarta que en un futuro logre obtener un lugar establecido y continuar con esta actividad, o conseguir un espacio para vivir; sin embargo, sabe que le llevará mucho tiempo. “No puedo ponerme en la situación de decir que voy a rentar un departamento si no tengo un ingreso fijo, en el que incluso pueda rentar un cuarto de 2000 pesos. Quizá logre dar el anticipo, pero si luego no puedo, me dirán: ¡oiga! ¡Fuchi! ¡váyase!”

Enrique no pudo ser acreedor a la ayuda de renta que el gobierno de la CDMX otorgó, pues él no era propietario, solo pudo adquirir el seguro de desempleo, pero hasta el momento no había recibido nada. Por lo pronto, continua en esa carpa con docenas de ropa por planchar, pero satisfecho por el apoyo de sus vecinos.thumbnail_Señor-enrique-3-640x427

El edificio de Concepción Béistegui y Yácatas 1503, fue señalado por el gobierno de la Ciudad de México como dentro de los 13 inmuebles por demoler. El trabajo se  ejecutó en una semana. Picos, palas y grúas fueron las encargadas de limpiar y desaparecer la construcción.

Ahora ya no luce igual a como lucia hace dos meses. Una gran cerca de madera rodea el terreno donde se encontraba el edificio, atrás quedaron 70 años de recuerdos vividos por los habitantes de ocho departamentos y cinco negocios que conformaban la estructura, quienes demandan:

“Pedimos al gobierno de Mancera, que así como nuestro edificio fue el primero en demolerse, sea el primero para la reconstrucción”.

Oct 09

Ser indígena y vivir en la colonia Roma

Texto de Ana Ivonne Cedillo

Fotografías de José Luna

Son casi las siete de la tarde y las nubes amenazan con una fuerte lluvia en la colonia Roma. Gotas grandes comienzan a estrellarse contra una improvisada carpa colocada sobre la banqueta en la calle Guanajuato, frente a la casa número 200. La lluvia arrecia y el agua se cuela entre los orificios. Se escurre y moja algunas de las pertenencias de las familias que han tenido que acampar afuera de su casa desde el pasado 19 de septiembre a consecuencia del temblor vivido en la Ciudad de México.

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Son diez familias de cultura otomí, provenientes de Santiago Mexquititlán, Querétaro las que han tenido que salir e improvisar un lugar donde dormir y comer sobre la baqueta, porque aseguran que su edificio ha quedado seriamente dañado y no ha habido autoridad que les diga que permanecer dentro sea seguro.

María Micaela, quien desde hace siete años vive con su esposo y sus dos hijos en aquel edificio, platica que desde el día del sismo solo entran a su casa para cubrir sus necesidades más indispensables, temiendo que en cualquier momento vuelva a temblar: “Nos bañamos con miedo, vamos al baño con miedo, lavamos con miedo”.

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Micaela, quien ha tenido que levantar a su bebe que se encontraba gateando en el piso que ahora yace inundado por la lluvia, recuerda el momento del temblor y el motivo por el que decidieron desalojar:

“Cuando pasó todo, comenzamos a meternos y vimos mucho polvo en los cuartos. En mi cuarto se despegó la loza, tiene grietas en las paredes. En los demás cuartos también hay grietas, en uno se abrió el piso; yo pienso que es por el edificio de atrás y la barda de al lado que se están recargando. Por ello decidimos no habitar. Hemos esperado a protección civil, pero solo vienen unos ingenieros y nos dicen ‘no pues si está en alto riesgo’, nos dijeron que tenemos que esperar a que hagan un dictamen”.

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Ella y sus vecinos se niegan a ir a un albergue no solo porque se encuentran a la espera de que llegue protección civil, sino porque temen que saqueen el edificio o lo que es peor, les expropien el predio.

Por ello, a la calle han sacado una estufa y montado una pequeña alacena para colocar sus trastos. También han sacado un sillón para que descanse la abuela Creencia, que a sus 94 años solo observa a los niños que juegan a lado de ella y de vez en cuando echa un ojo a la televisión que se encuentra encendida.

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En una mesa han colocado las papas, los jitomates y demás alimentos. A lado, las cobijas y ropa, algunas obtenidas del apoyo de grupos voluntarios.

Ellos no niegan la ayuda que en esa parte han recibido y aseguran que el apoyo sobrepasa sus necesidades, y lo que sobra lo llevan a otros centros de acopio para que sean entregados a gente que lo necesite.

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Otras amenazas, otros miedos

La comunidad otomí no solo han tenido que enfrentar las consecuencias de riesgo que dejó el sismo, también enfrentan la discriminación y agresiones de sus vecinos.

“Los vecinos dicen que no somos damnificados, que no tenemos necesidad de la ayuda que hemos recibido, que no somos indígenas. Nosotros hablamos otomí, hablamos un idioma, nadie puede dudar de nosotros”, se defiende Micaela.

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Dice que además de que sus vecinos detienen a los voluntarios que les llevan alimentos y cobijas, estos riegan veneno para cucarachas alrededor de su carpa, sin importar, que ahí  viven niños.

“Queremos que los vecinos nos dejen en paz, que dejen de intimidarnos. No nos dejan dormir pues estamos con el temor de que vengan a quemar nuestro campamento, que nos vengan a golpear, a agredirnos”.

Las familias de cultura otomí llegaron a habitar el edificio número 200 desde hace más de siete años. La mayoría de sus integrantes se dedican a la venta de muñecas en la CDMX. Ellos solicitan que se les informe si su edificio va hacer demolido o no. Ante el resultado que sea, exigen no ser despojados del predio comprometiéndose a pagar un precio justo para mantenerlo.

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Por esta situación de vulnerabilidad en la que esta comunidad se encuentra, organizaciones como: La Organización Indígena de Gobierno (CIG), Consejo Nacional Indígena (CNI), así como brigadas autónomas y solidarias simpatizantes de la sexta, han hecho un llamado para evitar la discriminación contra los indígenas; pidiendo a la comunidad de la Roma que despojar a los indígenas de su propiedad es violar sus derechos humanos.

 

Oct 07

Es liberado Atl Rúben Sarabia Reyna y ratifica su lucha en la UPVA 28 de octubre

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Por Rosalba García 

07/10/12. ¡Esta marcha es de fiesta y también es de protesta! Cientos de personas integrantes de la organización de Unión de Vendedores y ambulantes (UPVA), 28 de octubre y organizaciones hermanas, corearon ésta y otras consignas, en la marcha que realizaron en la capital poblana este sábado, desde el mercado Hidalgo hasta la fiscalía General del estado, para demostrar su legitima inocencia del recién liberado Atl Tonatiuh Sarabia Reyna.

El nutrido contingente manifestó a lo largo del recorrido la exigencia de justicia ante los otros casos de encarcelamiento de sus líderes: Rubén Sarabia Sánchez “Simitrio”, Xihuel Sarabia Reyna, Luis Fernando Alonso Rodríguez y José Muños Villegas. Y por el esclarecimiento del asesinato de Meztli Sarabia Omixóchitl Reyna por el que afirmaron, “fue un grupo de sicarios contratados por el Estado”.

Ya en la Fiscalía del Estado y frente a los manifestantes, Atl Tonatiuh Sarabia Reyna tomó el micrófono para expresar agradecimiento a sus compañeros de la organización 28 de octubre por luchar y lograr su libertad e hizo un enérgico señalamiento hacia lo que llamó las «fuerzas represoras del Estado» como la «fabricante de delitos» que no lograron mantenerlo recluido por demostrar su completa inocencia. En ese sentido, expresó que el Secretario de gobernación hizo una declaración en la que indicó que no son exonerados totalmente del delito, por lo que señaló que en cualquier momento se les puede fabricar uno.

A casi tres años de su injusto encarcelamiento, Atl Tonatiuh expuso ante los medios de comunicación que seguirá en la lucha que como organización se ha seguido, la defensa del trabajo de los vendedores y ambulantes. Terminar de liberar al resto de compañeros que se encuentran recluidos en la cárcel y de Simitrio quien sigue un proceso de arraigo domiciliario. Así como, concluir los procesos jurídicos en contra de los que también son acusados.

Ante la posible candidatura del exgobernador Rafael Moreno Valle, hacia la Presidencia de la República, manifestó que en un caso así se esperaría para México completa represión para el pueblo y las organizaciones de lucha, dado lo que en su experiencia vivieron durante su gobierno en Puebla y continúan viviendo.

La movilización concluyó con un mitin en el que otras voces hicieron eco de las consignas hechas a lo largo del recorrido.

 

Sep 28

“No se olviden de Ecantzingo, necesitamos construir nuestros hogares”, Gabriel Mendieta, habitante

Por Elizabeth Luciano

Días de luto, que se convierten en montañas de apoyo, puños de manos que se conjuntan para ayudar en lo que se pueda, con palas, agua, suero, alimentos, medicamentos, y todo lo que piden las personas que están rescatando, se alimentan de esa fuerza y voluntad de convertir la vida en una comunidad.

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El sismo del pasado martes 19 de septiembre convirtió a la ciudad de México en una búsqueda de vidas bajo los escombros, y éste no sólo afectó a la ciudad, sino a comunidades del Estado de México, Morelos, Puebla, Oaxaca y Chiapas.

Ecantzingo, es uno de los varios municipios del Estado de México, que sufrió graves afectaciones, se compone de seis barrios; San Martín, San Gertrudis, San Miguel, Santa Catarina, San José, y Xolaltenco.

En el barrio Xolaltenco, no hubo muertes que lamentar pero si la pérdida de múltiples casas que han dejado sin hogar a más de quinientas familias. En todo el municipio de Ecatzingo se calcula un aproximado de novecientas casas destruidas, a punto de colapsar e inservibles.

Los dos primeros días después del sismo, es decir el martes y miércoles 20 de septiembre, lxs habitantes de Xolaltenco narran que parecían un pueblo olvidado, pues el gobierno no se paró por el lugar hasta el día sábado que acudió el gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo Maza a tomarse la foto. Sin embargo, la ayuda de múltiples lugares comenzó a llegar desde el día jueves.

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La gente de Xolaltenco, está muy agradecida con el apoyo que han recibido desde distintas partes como: Tenayuca, Ixtapaluca, Chalco, Amecameca, Otumba, Valle de Chalco, Iztapalapa, Peralvillo, Benito Juárez, entre otros lugares que la población va escribiendo en un rotafolio dando las gracias por todo lo que llevan.

Gabriel Mendieta es un señor de 88 años, tiene tres hijos y dos hijas que lo visitan de vez en cuando, él vive con su esposa Teresa Yañez Aroche, tenían una tienda de abarrotes, su casa fue una de tantas que cayeron, y algunas partes están a punto de colapsar, él narra que en su vida no había sentido un terremoto de tal magnitud, ni siquiera el del 85 se sintió así, reflexiona Gabo.

Su piel es morena, sus arrugas solo demuestran a un hombre que se pasó toda su vida trabajando para tener su hogar, él narra que cuando empezó a temblar, él estaba dentro de su casa, y no se quería salir, pero su esposa que andaba cortando hierba lo fue a buscar, se sorprende de ver su hogar así, porque dice: “me hubiera quedado adentro y se me caía la casa encima, no lo andaría contando”.

“No se olviden de Ecantzingo, necesitamos construir nuestros hogares”, dice con voz muy animosa y segura, Gabriel, quien agradece el apoyo y narra que el domingo en un rato, le pusieron lamina a un pedazo de techo donde se está quedando en casa de su hijo Erasmo Mendieta, para que sus cosas que pudo recuperar no se sigan mojando con las intensas lluvias que también aquejan a la comunidad.

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Otra más de las muchas personas afectadas que perdieron sus casas fue Celestina Varela Gutierrez de 64 años, ella cuenta que se encontraba en la cocina cuando comenzó el temblor y fue a ver a su hija Maricruz Moreno Varela quien vive muy cerca.

Maricruz, explica que se quedaron ahí hasta que el temblor pasó, luego ella fue por sus hijas que estaban en la escuela, pero cuando su mamá regresó a su casa se llevó la triste sorpresa de ver todo derrumbado.

Para el sábado 23 y domingo 24 la ayuda ya había llegado a Ecantzingo. La gente está agradecida, Maricruz comenta que en un ratito gente de otros lugares, le ayudaron a recoger escombro y durante la entrevista ya le estaban armando un cuarto de madera provisional, lo que solicita es manos para construir, además de herramientas para volver a levantar sus casas.

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En el pueblo de Xolaltenco, al menos tres centros de acopio funcionan para dar apoyos a la gente que lo solicita, las y los habitantes denuncian que en la cabecera municipal hay demasiados víveres, pero no se les entrega nada, ni siquiera suben a los lugares más alejados y la policía municipal se dedica a tomar fotos de los apoyos y la construcción de cuartos de madera para decir en medios locales y nacionales que es ayuda del gobernador, “esto es mentira”, declara una mujer quien apoya en un centro de acopio y albergue.

Tan solo en ese albergue hay seis familias que se quedaron sin casa viviendo en el patio, con lonas, por la lluvia y el frío a veces les es difícil conciliar el sueño. El domingo llegaron personas de otras comunidades cercanas para apoyar armando cuartos de madera provisionales.

Cerca de Xolaltenco se encuentra el volcán Popocatepetl, la gente dice vivir acostumbrada a los rugidos del Goyo pero ahora con el susto del temblor y las lluvias, algunas familias prefirieron buscar algún refugio más seguro, la mayoría dice que no es la primera vez que ocurre, “es parte del paisaje, es parte de nosotros, nos hace ver que aún tiene vida”, narra un habitante.

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Sep 26

Las zonas olvidadas de Xochimilco

Texto de Ana Ivonne Cedillo
Fotografías de José Luna

A seis días del sismo ocurrido el 19 de Septiembre, para los habitantes de Santa Cruz Acalpixca y San Gregorio Atlapulco, en la delegación Xochimilco, vivir en sus hogares se ha convertido en una zona de alto riesgo.

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El ambiente no es de un domingo cualquiera es el de un  lugar con bardas colapsadas, polines de madera sosteniendo marquesinas, piedras por doquier, tierra, escombros, y más escombros. Cartulinas con mensajes de: “cuidado no recargarse” y “casa para ser revisada por protección civil”  son los únicos señalamientos que se ven por donde sea. Todo este paisaje es ahora parte de la estructura de caos que predomina en este lugar.

Santa Salazar es una mujer de 75 años, que, a pesar del dolor de su rodilla permanece parada en la entrada de su casa observando a los trabajadores con cascos y cubre bocas que levantan los escombros de una pared colapsada a un lado de su vivienda. Santa no sólo observa, también espera a que elementos de protección civil aparezcan por las calles y revisen su casa.

“Solo queremos que pase protección civil para que nos digan que casas son seguras y cuales no y demolerlas, por seguridad para las personas que estamos dentro y las personas que pasan por fuera. Sabemos que cuesta trabajo desprenderse de las cosas que hemos construido por años pero si viene un ingeniero y nos dice: ‘su casa se puede caer en cualquier momento’ las personas nos salimos”, dice Mireya hija de Santa quien continua observando y esperando en la puerta.

Ellas reconocen que el apoyo de los estudiantes del Politécnico y la ayuda, que de acuerdo a ellas, sustituye a protección civil, les ha dado la confianza de seguir dentro de su vivienda; sin embargo, piden que llegue alguien certificado que no solo verifique el daño de su vivienda si no de las demás, sobre todo en colonias que fuero más afectadas.

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Zona de riesgo total

En las colonias más adentradas del pueblo de Santa Cruz Acalpixca, las casas se encuentran aún más dañadas. A simple vista y sin que un registro de protección civil lo señale, las viviendas podrían colapsar si otro sismo sucediera.

Los patios de las casas y las calles del pueblo se han vuelto el lugar más seguro para los personas de esa zona. Sentados en las banquetas, parados en las esquinas o consiguiendo agua por la gran escases que se vive en la zona se ha vuelto una actividad común en los últimos días para los habitantes.

Entre ellos se encuentra la señora Eliza y su hijo Aldo. Su casa tiene grandes cuarteaduras y en los cuartos, ya vacíos de muebles, se observa el levantamiento de los mosaicos en los pisos. De manera provisional han instalado una cocina en el patio de su casa. Trastos, despensa, una pequeña estufa, una mesa dan forma a una cocina que se adorna con  las flores y árboles que han crecido en su patio.

“Fuimos a buscar albergues pero no hay, bueno no vimos ni uno sólo y mejor nos dieron cobijas. Ya deshabitamos y estamos quedándonos a dormir en casa de mi hermano pero no nos acostumbramos y estamos aquí. Los muchachos trajeron una casa de campaña y dormiremos aquí afuera…”, platica doña Ely quien nos invita a pasar y mirar de lejos los cuartos que conformaban su vivienda. “pise aquí, aquí es seguro, desde aquí se ve todo”.

Aldo entra a los cuartos severamente dañados y señala los colapsos. “Pasan personas con chalecos y cascos diciendo ‘desalojen, desalojen’, pero ahí se queda nada más. Que esos partidos políticos que solo nos pedirán el voto y solo vienen con sus despensas vengan aquí con toda su gente”, exige Aldo molesto.

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Preocupada e indignada también se encuentra la señora Chayo, quien vende comida y pide ayuda para reconstruir su cocina, porque dice que “económicamente se les ha venido todo abajo. Ojala me trajeran láminas para techar, me urge levantar una barra para que mi hija comience a vender”.

Los habitantes de Santa Cruz Acalpixca piden con urgencia que les manden, geólogos, arquitectos, ingenieros y que les den explicaciones y solución, “ya sea favorable o desfavorable pero que nos hagan caso, porque nos tienen abandonados, estamos sufriendo mucho de agua potable, siempre hemos carecido de ella pero ahora más”.

San Gregorio Atlapulco, el derrumbe

Para entrar a la zona de derrumbe hay que portar botas, un casco y cubre bocas. “Están entrando a zona de riesgo, hay clavos que pudieran lastimar sus pies, hay polvo y riesgo de colapso” nos indican los soldados y protección civil antes de entrar al lugar donde colapsaron viviendas.

Las casas recargadas una sobre otra o aquellas que lograron mantenerse en pie tienen una cinta naranja o amarilla para señalar el alto riesgo en que se encuentran. Sin embrago a pesar de eso, sus habitantes entran para poder rescatar algunas de sus pertenencias.

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Los vecinos que cuidan sus viviendas, los voluntarios y los soldados han hecho de las calles un comedor gigante. Y todavía las largas mesas sostienen las cacerolas que minutos antes contenían el alimento para ese día del arduo trabajo que se viene realizando desde cinco días a atrás.

“Alguien gusta un vaso con agua”, “alguien desea una torta” “Alguien desea un dulce” es lo que se escucha en el rio de gente que camina por las calles de San Gregorio.

En la esquina de una de las calles se encuentra un derrumbe total. Una gran losa caída sobre múltiples escombros no da lugar a la idea de pensar que ahí alguien hubiera podido sobrevivir. Sin embargo, logró sobrevivir y gracias a la ayuda de los vecinos el señor Jaime y su esposa, dueños de esa vivienda, fueron rescatados de ahí.

“Estuvimos bajo los escombros como veinte minutos, luego los vecinos se prestaron para venirnos a rescatar”.

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El señor Jaime no quiere que entre maquinaria a levantar los escombros, el prefiere levantar los escombros con palas, esa es la ayuda que solicita: “que la ayuda sea con herramienta, aquí no quiero que entre maquinaria, la maquinaria se lleva todo a la basura”. Asegura que aunque se burlen de él, sabe que podrá rescatar varias pertenencias. La casa de ellos, funcionaba como un espacio de cultura y museo, pues existía un gran acervo bibliotecario y material recopilado, como fotografías y documentos que contienen la historia de su pueblo, San Gregorio Atlapulco.

“Si los restos y animales prehispánicos de nuestra cultura han salido para explicar nuestra historia después de miles de años enterrados , esto que nada más tiene una pequeña lata, bien que se pude quitar y rescatar lo más que se pueda”, asegura don Jaime.

 

  • A los pueblos afectados de Xochimilco sigue llegando la ayuda de alimentos, ropa, y voluntariado, sin embargo se preocupan porque esa ayuda no continué en días próximos. Agradecen el apoyo, pero lo que quieren es dejar de vivir con miedo a un derrumbe, exigen al gobierno que no los olvide y manden a la gente indicada para verificar sus viviendas.

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