Oct 09

Ser indígena y vivir en la colonia Roma

Texto de Ana Ivonne Cedillo

Fotografías de José Luna

Son casi las siete de la tarde y las nubes amenazan con una fuerte lluvia en la colonia Roma. Gotas grandes comienzan a estrellarse contra una improvisada carpa colocada sobre la banqueta en la calle Guanajuato, frente a la casa número 200. La lluvia arrecia y el agua se cuela entre los orificios. Se escurre y moja algunas de las pertenencias de las familias que han tenido que acampar afuera de su casa desde el pasado 19 de septiembre a consecuencia del temblor vivido en la Ciudad de México.

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Son diez familias de cultura otomí, provenientes de Santiago Mexquititlán, Querétaro las que han tenido que salir e improvisar un lugar donde dormir y comer sobre la baqueta, porque aseguran que su edificio ha quedado seriamente dañado y no ha habido autoridad que les diga que permanecer dentro sea seguro.

María Micaela, quien desde hace siete años vive con su esposo y sus dos hijos en aquel edificio, platica que desde el día del sismo solo entran a su casa para cubrir sus necesidades más indispensables, temiendo que en cualquier momento vuelva a temblar: “Nos bañamos con miedo, vamos al baño con miedo, lavamos con miedo”.

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Micaela, quien ha tenido que levantar a su bebe que se encontraba gateando en el piso que ahora yace inundado por la lluvia, recuerda el momento del temblor y el motivo por el que decidieron desalojar:

“Cuando pasó todo, comenzamos a meternos y vimos mucho polvo en los cuartos. En mi cuarto se despegó la loza, tiene grietas en las paredes. En los demás cuartos también hay grietas, en uno se abrió el piso; yo pienso que es por el edificio de atrás y la barda de al lado que se están recargando. Por ello decidimos no habitar. Hemos esperado a protección civil, pero solo vienen unos ingenieros y nos dicen ‘no pues si está en alto riesgo’, nos dijeron que tenemos que esperar a que hagan un dictamen”.

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Ella y sus vecinos se niegan a ir a un albergue no solo porque se encuentran a la espera de que llegue protección civil, sino porque temen que saqueen el edificio o lo que es peor, les expropien el predio.

Por ello, a la calle han sacado una estufa y montado una pequeña alacena para colocar sus trastos. También han sacado un sillón para que descanse la abuela Creencia, que a sus 94 años solo observa a los niños que juegan a lado de ella y de vez en cuando echa un ojo a la televisión que se encuentra encendida.

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En una mesa han colocado las papas, los jitomates y demás alimentos. A lado, las cobijas y ropa, algunas obtenidas del apoyo de grupos voluntarios.

Ellos no niegan la ayuda que en esa parte han recibido y aseguran que el apoyo sobrepasa sus necesidades, y lo que sobra lo llevan a otros centros de acopio para que sean entregados a gente que lo necesite.

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Otras amenazas, otros miedos

La comunidad otomí no solo han tenido que enfrentar las consecuencias de riesgo que dejó el sismo, también enfrentan la discriminación y agresiones de sus vecinos.

“Los vecinos dicen que no somos damnificados, que no tenemos necesidad de la ayuda que hemos recibido, que no somos indígenas. Nosotros hablamos otomí, hablamos un idioma, nadie puede dudar de nosotros”, se defiende Micaela.

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Dice que además de que sus vecinos detienen a los voluntarios que les llevan alimentos y cobijas, estos riegan veneno para cucarachas alrededor de su carpa, sin importar, que ahí  viven niños.

“Queremos que los vecinos nos dejen en paz, que dejen de intimidarnos. No nos dejan dormir pues estamos con el temor de que vengan a quemar nuestro campamento, que nos vengan a golpear, a agredirnos”.

Las familias de cultura otomí llegaron a habitar el edificio número 200 desde hace más de siete años. La mayoría de sus integrantes se dedican a la venta de muñecas en la CDMX. Ellos solicitan que se les informe si su edificio va hacer demolido o no. Ante el resultado que sea, exigen no ser despojados del predio comprometiéndose a pagar un precio justo para mantenerlo.

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Por esta situación de vulnerabilidad en la que esta comunidad se encuentra, organizaciones como: La Organización Indígena de Gobierno (CIG), Consejo Nacional Indígena (CNI), así como brigadas autónomas y solidarias simpatizantes de la sexta, han hecho un llamado para evitar la discriminación contra los indígenas; pidiendo a la comunidad de la Roma que despojar a los indígenas de su propiedad es violar sus derechos humanos.

 

Oct 07

Es liberado Atl Rúben Sarabia Reyna y ratifica su lucha en la UPVA 28 de octubre

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Por Rosalba García 

07/10/12. ¡Esta marcha es de fiesta y también es de protesta! Cientos de personas integrantes de la organización de Unión de Vendedores y ambulantes (UPVA), 28 de octubre y organizaciones hermanas, corearon ésta y otras consignas, en la marcha que realizaron en la capital poblana este sábado, desde el mercado Hidalgo hasta la fiscalía General del estado, para demostrar su legitima inocencia del recién liberado Atl Tonatiuh Sarabia Reyna.

El nutrido contingente manifestó a lo largo del recorrido la exigencia de justicia ante los otros casos de encarcelamiento de sus líderes: Rubén Sarabia Sánchez “Simitrio”, Xihuel Sarabia Reyna, Luis Fernando Alonso Rodríguez y José Muños Villegas. Y por el esclarecimiento del asesinato de Meztli Sarabia Omixóchitl Reyna por el que afirmaron, “fue un grupo de sicarios contratados por el Estado”.

Ya en la Fiscalía del Estado y frente a los manifestantes, Atl Tonatiuh Sarabia Reyna tomó el micrófono para expresar agradecimiento a sus compañeros de la organización 28 de octubre por luchar y lograr su libertad e hizo un enérgico señalamiento hacia lo que llamó las «fuerzas represoras del Estado» como la «fabricante de delitos» que no lograron mantenerlo recluido por demostrar su completa inocencia. En ese sentido, expresó que el Secretario de gobernación hizo una declaración en la que indicó que no son exonerados totalmente del delito, por lo que señaló que en cualquier momento se les puede fabricar uno.

A casi tres años de su injusto encarcelamiento, Atl Tonatiuh expuso ante los medios de comunicación que seguirá en la lucha que como organización se ha seguido, la defensa del trabajo de los vendedores y ambulantes. Terminar de liberar al resto de compañeros que se encuentran recluidos en la cárcel y de Simitrio quien sigue un proceso de arraigo domiciliario. Así como, concluir los procesos jurídicos en contra de los que también son acusados.

Ante la posible candidatura del exgobernador Rafael Moreno Valle, hacia la Presidencia de la República, manifestó que en un caso así se esperaría para México completa represión para el pueblo y las organizaciones de lucha, dado lo que en su experiencia vivieron durante su gobierno en Puebla y continúan viviendo.

La movilización concluyó con un mitin en el que otras voces hicieron eco de las consignas hechas a lo largo del recorrido.

 

Sep 28

“No se olviden de Ecantzingo, necesitamos construir nuestros hogares”, Gabriel Mendieta, habitante

Por Elizabeth Luciano

Días de luto, que se convierten en montañas de apoyo, puños de manos que se conjuntan para ayudar en lo que se pueda, con palas, agua, suero, alimentos, medicamentos, y todo lo que piden las personas que están rescatando, se alimentan de esa fuerza y voluntad de convertir la vida en una comunidad.

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El sismo del pasado martes 19 de septiembre convirtió a la ciudad de México en una búsqueda de vidas bajo los escombros, y éste no sólo afectó a la ciudad, sino a comunidades del Estado de México, Morelos, Puebla, Oaxaca y Chiapas.

Ecantzingo, es uno de los varios municipios del Estado de México, que sufrió graves afectaciones, se compone de seis barrios; San Martín, San Gertrudis, San Miguel, Santa Catarina, San José, y Xolaltenco.

En el barrio Xolaltenco, no hubo muertes que lamentar pero si la pérdida de múltiples casas que han dejado sin hogar a más de quinientas familias. En todo el municipio de Ecatzingo se calcula un aproximado de novecientas casas destruidas, a punto de colapsar e inservibles.

Los dos primeros días después del sismo, es decir el martes y miércoles 20 de septiembre, lxs habitantes de Xolaltenco narran que parecían un pueblo olvidado, pues el gobierno no se paró por el lugar hasta el día sábado que acudió el gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo Maza a tomarse la foto. Sin embargo, la ayuda de múltiples lugares comenzó a llegar desde el día jueves.

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La gente de Xolaltenco, está muy agradecida con el apoyo que han recibido desde distintas partes como: Tenayuca, Ixtapaluca, Chalco, Amecameca, Otumba, Valle de Chalco, Iztapalapa, Peralvillo, Benito Juárez, entre otros lugares que la población va escribiendo en un rotafolio dando las gracias por todo lo que llevan.

Gabriel Mendieta es un señor de 88 años, tiene tres hijos y dos hijas que lo visitan de vez en cuando, él vive con su esposa Teresa Yañez Aroche, tenían una tienda de abarrotes, su casa fue una de tantas que cayeron, y algunas partes están a punto de colapsar, él narra que en su vida no había sentido un terremoto de tal magnitud, ni siquiera el del 85 se sintió así, reflexiona Gabo.

Su piel es morena, sus arrugas solo demuestran a un hombre que se pasó toda su vida trabajando para tener su hogar, él narra que cuando empezó a temblar, él estaba dentro de su casa, y no se quería salir, pero su esposa que andaba cortando hierba lo fue a buscar, se sorprende de ver su hogar así, porque dice: “me hubiera quedado adentro y se me caía la casa encima, no lo andaría contando”.

“No se olviden de Ecantzingo, necesitamos construir nuestros hogares”, dice con voz muy animosa y segura, Gabriel, quien agradece el apoyo y narra que el domingo en un rato, le pusieron lamina a un pedazo de techo donde se está quedando en casa de su hijo Erasmo Mendieta, para que sus cosas que pudo recuperar no se sigan mojando con las intensas lluvias que también aquejan a la comunidad.

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Otra más de las muchas personas afectadas que perdieron sus casas fue Celestina Varela Gutierrez de 64 años, ella cuenta que se encontraba en la cocina cuando comenzó el temblor y fue a ver a su hija Maricruz Moreno Varela quien vive muy cerca.

Maricruz, explica que se quedaron ahí hasta que el temblor pasó, luego ella fue por sus hijas que estaban en la escuela, pero cuando su mamá regresó a su casa se llevó la triste sorpresa de ver todo derrumbado.

Para el sábado 23 y domingo 24 la ayuda ya había llegado a Ecantzingo. La gente está agradecida, Maricruz comenta que en un ratito gente de otros lugares, le ayudaron a recoger escombro y durante la entrevista ya le estaban armando un cuarto de madera provisional, lo que solicita es manos para construir, además de herramientas para volver a levantar sus casas.

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En el pueblo de Xolaltenco, al menos tres centros de acopio funcionan para dar apoyos a la gente que lo solicita, las y los habitantes denuncian que en la cabecera municipal hay demasiados víveres, pero no se les entrega nada, ni siquiera suben a los lugares más alejados y la policía municipal se dedica a tomar fotos de los apoyos y la construcción de cuartos de madera para decir en medios locales y nacionales que es ayuda del gobernador, “esto es mentira”, declara una mujer quien apoya en un centro de acopio y albergue.

Tan solo en ese albergue hay seis familias que se quedaron sin casa viviendo en el patio, con lonas, por la lluvia y el frío a veces les es difícil conciliar el sueño. El domingo llegaron personas de otras comunidades cercanas para apoyar armando cuartos de madera provisionales.

Cerca de Xolaltenco se encuentra el volcán Popocatepetl, la gente dice vivir acostumbrada a los rugidos del Goyo pero ahora con el susto del temblor y las lluvias, algunas familias prefirieron buscar algún refugio más seguro, la mayoría dice que no es la primera vez que ocurre, “es parte del paisaje, es parte de nosotros, nos hace ver que aún tiene vida”, narra un habitante.

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Sep 26

Las zonas olvidadas de Xochimilco

Texto de Ana Ivonne Cedillo
Fotografías de José Luna

A seis días del sismo ocurrido el 19 de Septiembre, para los habitantes de Santa Cruz Acalpixca y San Gregorio Atlapulco, en la delegación Xochimilco, vivir en sus hogares se ha convertido en una zona de alto riesgo.

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El ambiente no es de un domingo cualquiera es el de un  lugar con bardas colapsadas, polines de madera sosteniendo marquesinas, piedras por doquier, tierra, escombros, y más escombros. Cartulinas con mensajes de: “cuidado no recargarse” y “casa para ser revisada por protección civil”  son los únicos señalamientos que se ven por donde sea. Todo este paisaje es ahora parte de la estructura de caos que predomina en este lugar.

Santa Salazar es una mujer de 75 años, que, a pesar del dolor de su rodilla permanece parada en la entrada de su casa observando a los trabajadores con cascos y cubre bocas que levantan los escombros de una pared colapsada a un lado de su vivienda. Santa no sólo observa, también espera a que elementos de protección civil aparezcan por las calles y revisen su casa.

“Solo queremos que pase protección civil para que nos digan que casas son seguras y cuales no y demolerlas, por seguridad para las personas que estamos dentro y las personas que pasan por fuera. Sabemos que cuesta trabajo desprenderse de las cosas que hemos construido por años pero si viene un ingeniero y nos dice: ‘su casa se puede caer en cualquier momento’ las personas nos salimos”, dice Mireya hija de Santa quien continua observando y esperando en la puerta.

Ellas reconocen que el apoyo de los estudiantes del Politécnico y la ayuda, que de acuerdo a ellas, sustituye a protección civil, les ha dado la confianza de seguir dentro de su vivienda; sin embargo, piden que llegue alguien certificado que no solo verifique el daño de su vivienda si no de las demás, sobre todo en colonias que fuero más afectadas.

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Zona de riesgo total

En las colonias más adentradas del pueblo de Santa Cruz Acalpixca, las casas se encuentran aún más dañadas. A simple vista y sin que un registro de protección civil lo señale, las viviendas podrían colapsar si otro sismo sucediera.

Los patios de las casas y las calles del pueblo se han vuelto el lugar más seguro para los personas de esa zona. Sentados en las banquetas, parados en las esquinas o consiguiendo agua por la gran escases que se vive en la zona se ha vuelto una actividad común en los últimos días para los habitantes.

Entre ellos se encuentra la señora Eliza y su hijo Aldo. Su casa tiene grandes cuarteaduras y en los cuartos, ya vacíos de muebles, se observa el levantamiento de los mosaicos en los pisos. De manera provisional han instalado una cocina en el patio de su casa. Trastos, despensa, una pequeña estufa, una mesa dan forma a una cocina que se adorna con  las flores y árboles que han crecido en su patio.

“Fuimos a buscar albergues pero no hay, bueno no vimos ni uno sólo y mejor nos dieron cobijas. Ya deshabitamos y estamos quedándonos a dormir en casa de mi hermano pero no nos acostumbramos y estamos aquí. Los muchachos trajeron una casa de campaña y dormiremos aquí afuera…”, platica doña Ely quien nos invita a pasar y mirar de lejos los cuartos que conformaban su vivienda. “pise aquí, aquí es seguro, desde aquí se ve todo”.

Aldo entra a los cuartos severamente dañados y señala los colapsos. “Pasan personas con chalecos y cascos diciendo ‘desalojen, desalojen’, pero ahí se queda nada más. Que esos partidos políticos que solo nos pedirán el voto y solo vienen con sus despensas vengan aquí con toda su gente”, exige Aldo molesto.

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Preocupada e indignada también se encuentra la señora Chayo, quien vende comida y pide ayuda para reconstruir su cocina, porque dice que “económicamente se les ha venido todo abajo. Ojala me trajeran láminas para techar, me urge levantar una barra para que mi hija comience a vender”.

Los habitantes de Santa Cruz Acalpixca piden con urgencia que les manden, geólogos, arquitectos, ingenieros y que les den explicaciones y solución, “ya sea favorable o desfavorable pero que nos hagan caso, porque nos tienen abandonados, estamos sufriendo mucho de agua potable, siempre hemos carecido de ella pero ahora más”.

San Gregorio Atlapulco, el derrumbe

Para entrar a la zona de derrumbe hay que portar botas, un casco y cubre bocas. “Están entrando a zona de riesgo, hay clavos que pudieran lastimar sus pies, hay polvo y riesgo de colapso” nos indican los soldados y protección civil antes de entrar al lugar donde colapsaron viviendas.

Las casas recargadas una sobre otra o aquellas que lograron mantenerse en pie tienen una cinta naranja o amarilla para señalar el alto riesgo en que se encuentran. Sin embrago a pesar de eso, sus habitantes entran para poder rescatar algunas de sus pertenencias.

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Los vecinos que cuidan sus viviendas, los voluntarios y los soldados han hecho de las calles un comedor gigante. Y todavía las largas mesas sostienen las cacerolas que minutos antes contenían el alimento para ese día del arduo trabajo que se viene realizando desde cinco días a atrás.

“Alguien gusta un vaso con agua”, “alguien desea una torta” “Alguien desea un dulce” es lo que se escucha en el rio de gente que camina por las calles de San Gregorio.

En la esquina de una de las calles se encuentra un derrumbe total. Una gran losa caída sobre múltiples escombros no da lugar a la idea de pensar que ahí alguien hubiera podido sobrevivir. Sin embargo, logró sobrevivir y gracias a la ayuda de los vecinos el señor Jaime y su esposa, dueños de esa vivienda, fueron rescatados de ahí.

“Estuvimos bajo los escombros como veinte minutos, luego los vecinos se prestaron para venirnos a rescatar”.

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El señor Jaime no quiere que entre maquinaria a levantar los escombros, el prefiere levantar los escombros con palas, esa es la ayuda que solicita: “que la ayuda sea con herramienta, aquí no quiero que entre maquinaria, la maquinaria se lleva todo a la basura”. Asegura que aunque se burlen de él, sabe que podrá rescatar varias pertenencias. La casa de ellos, funcionaba como un espacio de cultura y museo, pues existía un gran acervo bibliotecario y material recopilado, como fotografías y documentos que contienen la historia de su pueblo, San Gregorio Atlapulco.

“Si los restos y animales prehispánicos de nuestra cultura han salido para explicar nuestra historia después de miles de años enterrados , esto que nada más tiene una pequeña lata, bien que se pude quitar y rescatar lo más que se pueda”, asegura don Jaime.

 

  • A los pueblos afectados de Xochimilco sigue llegando la ayuda de alimentos, ropa, y voluntariado, sin embargo se preocupan porque esa ayuda no continué en días próximos. Agradecen el apoyo, pero lo que quieren es dejar de vivir con miedo a un derrumbe, exigen al gobierno que no los olvide y manden a la gente indicada para verificar sus viviendas.

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Sep 25

Desbordante apoyo solidario ante el sismo 19-S-2017 en México

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Por Rosalba García 

Miércoles 20
Después del sismo del 19-S con magnitud de 7.1 que estremeció a diversos estados del país y ocacionó varios derrumbes en la CDMX, Morelos y Puebla la solidaridad de la gente no se hizo esperar. El siguiente recorrido muestra la situación presentada en diversos puntos del sur de la ciudad y en poblaciones de la ruta a Morelos hasta llegar a Tetela del Volcán.

Desde las primeras horas del miércoles 20, diversas personas salieron a la calle a brindar ayuda en los lugares que habían presentado derrumbes. Las avenidas hacia el sur bloqueadas, transporte lento, personas caminando con palas, botes, bolsas de comida, jóvenes en bicicleta y motocicletas recorriendo varios puntos con materiales a bordo. La gente con visible preocupación preguntaba cómo llegar a la zona del derrumbe del multifamiliar en Tlalpan. El sorprendente derrumbe había compactado la estructura original y eso era impactante. Los accesos estaban bloqueados y en el lugar trabajaban con entereza rescatistas, bomberos y brigadistas; los cuerpos de policía recorrían la zona.

A las primeras horas de la mañana los voluntarios comenzaron a llegar con la iniciativa de ayudar en lo necesario. Las cadenas de personas se armaban para pasar productos perecederos que llegaban y salían a otros lugares de desastre en cantidad numerosa. El apoyo permanente de «silencio» mediante el puño cerrado que levantaban los asistentes cada vez que se necesitaba era un momento de coordinación y esperanza. La gente colocó letreros en diversos puntos para evitar el ruido, hecho complicado, dado que en avenida Calzada de Tlalpan se encontraba cargado el tránsito para acceder a otras zonas afectadas como San Gregorio en Xochimilco.

Los rieles del tren ligero fueron utilizados para recibir los víveres que los voluntarios iban clasificando. En cantidades números llegaron: herramientas, material de curación, comida preparada, agua y diversos productos útiles, mismos que a su vez también eran trasladados a otros puntos de igual necesidad y pese a ello los víveres no se extinguían, continuaban llegando.

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En la parte del camellón se encontraban algunas personas, familias que ya no tenían casa, varios desconcertados, otros esperando información, la mayoría con miedo y tristeza. En el mismo lugar se atendían las emergencias que se presentaban en los casos de voluntarios y rescatistas. Un bombero lastimado fue recostado en el pasto y atendido por médicos voluntarios, le hacían preguntas y con esfuerzo contestaba, le colocaron suero en el brazo. Así se presentaban diversas situaciones en diferentes casos.

Las labores continuaban en ese ritmo al momento que sorprendieron aplausos, al ser rescatada una persona viva y trasladada al hospital. Los voluntarios que se encontraban del otro lado comentaron que había sido un hombre de aproximadamente 30 años de edad, no hubo más información; solo fue un momento de aliento que motivo las ganas de continuar cada quién en su hacer que concentraban un trabajo de equipo.

En avenida Calzada de Tlalpan constantemente se trasladaban incontable número de camiones, camionetas y autos con víveres; también ofrecían transporte a los voluntarios que quisieran ir a apoyar a las zonas afectadas en Xochimilco. Era sorprendente la solidaridad de la gente cuando al escuchar expresar un llamado «¡Súbanse! Vamos a San Gregorio», al instante se cargaba el vehículo; lo mismo en el acopio se acercaban vehículos con voluntarios que podían llevar víveres a diversos lugares afectados y se les compartía bastante productos de diversa índole, muchas veces sin estar seguros de si realmente llegarían.

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Alrededor de la zona acordonada del multifamiliar, ya en ruinas, y con la actividad apremiante de los rescatistas, se instalaron puestos de comida preparada (tortas, sándwich, platos con comida, agua, atole, café), y compartían con toda aquella persona que circulaba por el lugar. Era como una necesidad de la gente de expresar de alguna forma el apoyo o brindar una muestra de aliento, en una situación que puede ser la nuestra. El apoyo se miraba en los ojos del otro sin antes conocerse. Mujeres, hombres, jóvenes, adultos, niños y niñas ayudaban en lo que se ofrecía.

Las horas pasaban y los relevos en las diversas actividades estaban listos para empezar a sustituir ya sea a los rescatistas que mantenían actividad continúa dentro del derrumbe o en la labor de selección que realizaban los centros de acopio a escasos metros del lugar.

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Jueves 21-S Y 22-S-2017
La ruta del día jueves 21 fue rumbo a Tetela del Volcán en Morelos. El colectivo que me brindó el transporte se organizó y no llevo víveres, consiguió polines y herramientas para  llevar a las zonas afectadas, así como, uno que otro material de curación.
Los brigadistas iban carentes de herramientas y buscaron en centros de acopio en donde un día antes habían observado se contaba con abundante material que no se utilizaba. En dos centros de acopio ubicados en la zona División del Norte trataron de conseguir las herramientas pero decían que el material ya se lo habían llevado a otros lugares de necesidad. Lo que se consiguió fue con el apoyo monetario de gente solidaria y en el acopio de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México plantel Casa Libertad.

En la carretera fue notable el apoyo que salía hacia diversas zonas de Morelos principalmente hacia Tetela del Volcán. Camionetas, autos particulares y camiones con frases de apoyo a diversas entidades evidenciaron la solidaridad de los transportistas que en uno que otro momento compartían información de los lugares a los que se dirigían. En algún punto antes de salir de la CDMX un transeúnte al ver que se transportaban polines, ofreció donar los que tenía, si los necesitaban los afectados del sismo. De carro a carro compartían datos, se agradecía el apoyo y seguíamos el camino.

El traslado no fue tan complicado, pero si se presentaron algunos contratiempos, además de que se iba revisando la condición de los pueblos y si ya habían recibido alguna ayuda. Paradójicamente, en la mayoría de los casos fueron los recintos religiosos los que resultaron dañados con la visible caída de las cúpulas y también las sedes municipales de las regiones. Algunos puntos de la carretera eran obstruidos por derrumbes, entre Ecatzingo y San Francisco Ocoxantepec el ejército mantenía bloqueaba la zona y no permitía el paso.

Ecatzingo, Ocoxaltepec, Tlamimilulpan fueron registrados de forma general y se reconoció que los lugares ya estaban recibiendo apoyo de la gente, pues había vehículos y camiones que ingresaban a entregar víveres y el pueblo manifestaba su apoyo mediante cartulinas en las que escribieron su agradecimiento por la solidaridad.

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En este lugar la ayuda iba llegando en vehículos que entregaban apoyos de mano en mano y un camión, presumiblemente del DIF, que vació la ayuda en la sede de gobierno del lugar. La presencia de la gente era importante y se mantenían en la espera de la entrega de los víveres, preocupados siempre que así fuera. Aquí la gente se encontraba muy preocupada, principalmente, por el posible desgajamiento del cerro, hecho que les afecta porque por el momento ni siquiera pueden sembrar ante la situación. Las personas de la comunidad expresaron daños estructurales y se identificaron algunos que la brigada pudo resolver parcialmente. Mientras que los víveres se repartían, una mujer afectada no se acercaba a recibir los apoyos porque decía, «es mejor que lo reciba la gente que más lo necesita».

Se logró llegar a Tetela del Volcán zona señalada como más afectada. También el centro de acopio fue instalado en el palacio municipal del lugar. Muchos de los que se solidarizaban ahí mismo entregaban lo que iban a donar, por tal razón la mayoría de los centros estaban bien dotados de todo tipo de víveres. La brigada con la que iba buscó a una persona que guiará a los lugares que necesitarán los materiales que se transportaron.

Muchas de las personas a las que les preguntaban si necesitaban un polin, interpretaban de forma equivocada, pues se pensaba que con tal material podrían reconstruir sus casas.
Se lograron colocar los polines en diferentes lugares con mucho riesgo. Ahí nos dimos cuenta de que las zonas más afectadas fueron las más altas y que el factor principal fue el tipo de construcción que se caracterizaba por tener bases hechas de material de adobe y sobre algunas de ellas, continuaron construyendo hasta dos niveles más de losa y sin castillos rígidos, tal situación parecía no preocupar, porque no había antecedentes de sismos en la región.

La gente se mostraba agradecida por las expresiones que se veían a cada momento, cuando subían entre las calles las camionetas y los autos que dejaban apoyos solidarios de casa en casa y mano en mano; los pobladores comentaban «nunca había llegado ninguna ayuda hasta acá». Y por lo mismo se organizaban para verificar que los víveres sí se entregaran.

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Las personas afectadas veían a la brigada y les solicitaban apoyo para evaluar sus casas. Los brigadistas se limitaban a explicar lo que identificaban, sin dar falsas esperanzas, aclarando que debían esperar a un experto que valoraran sus casas.
En el pueblo ya había caído la noche y las actividades se dividían en dos equipos que colocaban polines en lugares diferentes, y el otro equipo que entrevistaba y comentaba experiencias con los pobladores respecto al sismo.

La mayoría de las personas estaban muy preocupadas por sus casas que en el mayor de los casos quedaron derrumbadas o inhabitables y cuestionaban a la brigada, si el gobierno iba a dar alguna ayuda para la reconstrucción de las mismas. Esa era una de las preocupaciones más apremiantes que se comentaron. La mayoría de los afectados no utilizaban los albergues que ya estaban acondicionados para dar refugio, la razón que expresaban era que temían les robaran lo poco que aún les quedaba al interior de su hogar, por lo que se quedaban en casa de familia o vecinos cércanos, mientras que otros, igual dormían en el patio de sus casas destruidas.

En Tetela del Volcán la ayuda que hasta el momento había llegado, era abundante y proporcionada, principalmente, por la sociedad civil. A las 11:00 de la noche del segundo día del sismo, aún no había llegaba apoyo del DIF a la zona. La solidaridad que la gente brindó en estas zonas, quedaba difuminado al no reconocer si era apoyo para los afectados por el sismo o un aportación a la pobreza extrema que existe en tales regiones. Los pueblos más afectados aquí fueron San Miguel, Santiago y Lomas Lindas.

Los horas pasaban y la madrugada caía pero en Tetela del Volcán, la gente se mantenía despierta, pese al cansancio, se mostraba alerta ante el temor de otro sismo y ante la presencia de diversos grupos de brigadas que llegaban a apoyar de alguna manera.

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Los materiales para trabajar se terminaron, la brigada concluyó las tareas y fue despedida con un cariñoso gracias, expresado en innumerables ocasiones y en un texto escrito en cartulina a la salida del pueblo.

De madrugada se dio un recorrido general en Tlayacapan lugar en el que ya se había hecho trabajo de limpieza y acordonamiento de zonas, en varios puntos los daños fueron totales en cuanto a estructura. En el centro se encontraba la ubicación del acopio que igualmente parecía suficiente.

La señora Eva Figueroa en la región de San José de los Laureles se acercó a la brigada para preguntar si llevábamos ayuda y que si era el caso comentó, «no lo entreguen en las oficinas de gobierno porque ellos le dan sólo a las personas que son sus familiares o allegados y pues eso no es justo». Las personas organizadas, desviaban a los camiones que llegaban con ayuda, al explicarles lo que sucedía y así evitar que llevaran el acopio a la instancia oficial de la región.

Finalmente, los aspectos a destacar respecto a esta actividad realizada durante los días 20, 21 y 22 es que las zonas visitadas están cubiertas con suficientes víveres, por el momento. El apoyo y solidaridad de la gente se ha desbordado en gran medida con trabajo y acopio de víveres, ahora es importante verificar que el recurso sí llegue a los afectados y reconocer si eso ya es suficiente por ahora.

A la gente afectada le preocupa más, saber qué pasará con sus casas, ¿les ayudarán con los materiales para reconstruirlas o no?

Una de las necesidades apremiantes es que lleguen profesionales a las regiones mencionadas y a las más lejanas para que revisen sus casas y evalúen si es mejor demoler para que no allá riesgos o qué cosa hacer porque hay muchas construcciones en muy mal estado y sin revisiones adecuadas, hecho que puede ocasionar más perdida de vidas.

Es importante señalar que en todos los puntos en los que se documentó, la labor de la sociedad civil fue destacada para organizar, resolver, ayudar, compartir y difundir. Es necesario no olvidar a los afectados, ni abandonarlos porque el problema apenas inicia: la pérdida de familiares, familias sin hogar o sin espacio de trabajo, situación de salud graves en varios casos, desplazamiento a albergues, entre muchas otras problemáticas.

A partir de esta mirada que observó las consecuencias del sismo, en algunas zonas, la recomendación para las personas que viven en algunos de los estados en que hubo afectaciones serían dar una puntual revisión de sus colonias, casas, escuelas, centros de trabajo y/o lugares por donde transitan. Identificar si las construcciones están en peligro y de ser así alertar, ubicar los lugares, colocar cintas de precaución, hacer lo necesario en cada caso, porque los sismos siguen y hay que evitar en la medida de lo posible que se den más desgracias.

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