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May 26

¿Y ellos qué cuentan?

Ana Ivonne Cedillo

¿Y ellos qué cuentan?

Álvaro

Álvaro se acerca a la cámara y alcanzo a ver sus enormes ojos acompañados de una sonrisa. Es un niño de cinco años y su mamá lo ha puesto frente al teléfono celular. Él ha aceptado conversar unos minutos conmigo y compartirme como han sido sus días de confinamiento durante esta pandemia.

La cámara de Álvaro se mueve de un lado a otro y él no deja de sonreír por lo que pasa. Me dice que es porque está sosteniendo el teléfono con sus rodillas y me contagia de su sonrisa.

En unas semanas Álvaro cumplirá seis años, es lo que me dice durante los primeros minutos de nuestra plática. Pero sube sus hombros y esquiva la mirada cuando le pregunto cómo lo festejará, no quiere decirme. Decido no insistir y respetar su silencio.

En tiempos de pandemia por la Covid -19 las cosas han cambiado, hasta los cumpleaños. Hemos dejado de visitar a los amigos y reunirnos para los festejos. Quizá Álvaro no dejará de celebrar con su familia ese gran día, pero la indicación de no salir de casa, harán un cumpleaños diferente.

– ¿Tu casa es grande Álvaro?

-Sí es muy grande, es un castillo

– ¿Y has salido de ese castillo?

– ¡Que no es castillo, es casa! Solo que parece un castillo.

Para Álvaro en su casa que parece un castillo, algunos días han sido largos y otros cortos. Dice que en un día juega, hace tarea y practica tiro al blanco. Aunque con voz quejosa confiesa que “esa semana ha sido muy aburrido”.

Dice que no extraña actividades afuera de su casa, pero asegura que cuando nos digan que podamos salir a la calle, lo primero que hará es acompañar a su mamá a la tienda.

No desconoce el tema del coronavirus y como si fuera una coreografía aprendida, Álvaro me explica lo que hace para protegerse: mueve y frota sus manos simulando lavarlas, en seguida finge un estornudo para llevar su pequeño brazo a su cara y cubrir su boca. Él no teme al virus.

En México viven casi 40 millones de niños, niñas y adolescentes, que representan el 35% de la población, así lo señala el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). A su corta edad, les ha tocado enfrentar una de las realidades de salud que el mundo no experimentaba desde hace más de cien años, llevándolos a practicar medidas de sanidad como un confinamiento en casa, con el objetivo de evitar el contagio. Cada uno de ellos ha tenido que vivir la cuarentena desde sus condiciones económicas, educativas, de salud, entre otros factores.

Bruno y Diego

Con grandes lentes de contorno color negro aparece Bruno de siete años frente a la pantalla. No me mira a mí, se ve a él mismo. La imagen de su persona llama su atención y no deja de sonreír porque observa el orificio que ha dejado la caída de uno de sus dientes.

– ¿Has escuchado hablar del coronavirus Bruno?

-Sí, es una pandemia que si te llega te puedes morir.

A pesar de relacionar el coronavirus con la muerte, Bruno no le tiene miedo a la enfermedad, dice que lavándose las manos y quedarse en casa es la manera de protegerse.

Junto a Bruno está Diego, su hermano de 11 años. Él habla y agrega información que nos aclara los efectos del virus.

– Es un virus que enferma a la gente. Sé de sus efectos, como que no puedas respirar bien.

¿Cómo te proteges para que no te haga daño?

-Pues quedarme en mi casa y hacer caso a las instrucciones. Lavándote las manos seguidamente y pues quedarte en tu casa y no salir.

La casa donde ellos viven es pequeña, así que Diego me platica que por las mañanas se van a casa de su abuelita que tiene un patio más amplio para jugar.

– ¿Cómo haces para cambiarte de una casa a otra Diego? ¿Cómo te cuidas?

-Me voy en carro.

– ¿Qué viene a tú mente durante ese recorrido?

-Que cuando llegue a mi casa tengo que lavarme las manos, nada más.

Cuando platiqué con Diego y Bruno eran vacaciones, me dijeron que haber adelantados sus tareas les ha permitido tener en casa unos días divertidos. Además de jugar todo el día, han encontrado por internet las instrucciones para hacer figuras de papiroflexia.

Extrañar a las personas que no vemos desde que iniciamos esta cuarentena en casa tal vez es algo en común que sentimos los adultos, los jóvenes y los niños en esta pandemia. Pero Diego a sus once años me dice: “extraño andar caminando por la calle, sin preocuparme de alguna enfermedad”. Quizá por eso asegura que cuando podamos salir, correrá al deportivo a jugar basquetbol.

Un día exclusivo para los pequeños

Desde antes que las medidas de “sana distancia” comenzaran a llevarse a la práctica en el país, la Secretaria de Salud emprendió la tarea de proporcionar información diaria a través de conferencias que, hasta el momento, siguen reuniendo a la mayoría de las familias en punto de las siete de la noche para enterarse sobre los avances de la enfermedad y sus consecuencias. Eso ha permitido que cada persona vaya formándose una perspectiva de lo que pasa y sobre todo asimilando la realidad que se vive. Sin embargo, esta información en su mayoría ha sido dirigida a los adultos dejando en segundo lugar a la niñez.

Debo confesar que el pasado 30 de abril fue la excepción. Después de más de 50 conferencias ofrecidas, la Secretaría otorgó un día exclusivo para atender las dudas de los niños, niñas y adolescentes sobre la covid-19. Decenas de dudas fueron elegidas para responderse entre más de 3,500 preguntas que fueron enviadas al Doctor Hugo López- Gatell, Subsecretario de Salud, a trasvés de videos y dibujos.

“Hoy vamos a empezar una sesión muy especial, vamos a hablar de Covid, la pandemia causada por el nuevo Coronavirus, pero hoy con una audiencia muy especial”. Así comenzó la conferencia el subsecretario, recordándonos, además, que ese jueves se les otorgaba el espacio a todos ellos por ser día de la niñez. Fue un ejercicio inédito, que no solo se necesitaba, sino que también nos demostró la sabiduría que todos los niños y niñas poseen.

Sofía

Conocí a Sofía un par de días antes de esa conferencia. Ella es una niña de nueve años. Platicamos por largos minutos como lo hemos estado haciendo la mayoría en esta cuarentena, a través de una pantalla.

– ¿Cómo te has sentido en estos días que nos han pedido quedarnos en casa?

-Triste y aburrida. Me siento triste por lo que está pasando en el mundo y a veces no puedo saber muchas noticias. Y me siento aburrida porque a veces no tengo muchas cosas que hacer.

Sofía tiene ojos grandes y un cabello largo y lacio que adorna con un moño blanco. A pesar de confesar que los días han sido aburridos se muestra sonriente y me platica sobre algunas de las actividades que hace durante el día para divertirse.

-Juego, me hago casitas y hago a veces ejercicio. Boto la pelota de básquetbol y hago abdominales. Las casitas las hago con una silla y pongo una sábana arriba.

A pesar de la situación, las clases escolares no pararon, así que Sofía también ha tenido que enfrentar el cambio de las actividades de trabajo que implican estar frente a una computadora, el ejercicio no le molesta, pero ha notado que la carga de trabajo de la escuela ha aumentado.

– ¿Te han gustado las clases por Zoom?

-Sí, Me han gustado pero una cosa que no me gusta es que la maestra de matemáticas está tomando dos horas. Tiene una hora y a veces salgo tarde pero hoy salí temprano, salí 15 minutos antes.

La modificación de sus actividades ha provocado que Sofía perciba una alteración en su sueño.

– ¿Duermes bien?

Mm no, me tardo mucho en dormir. Normalmente me duermo a las nueve, pero me estoy durmiendo a las diez.

– ¿Qué crees que esté pasando?

No sé,  hay una cosa que mi mamá me dice, creo que es insomnio algo así y hace que me espante o algo pasó que no puedo dormir bien.

– ¿Has salido estos días de casa?

-No. Un día yo quería salir con mi mami a la papelería y no quise porque me dio miedo que ande por ahí el coronavirus. Que la policía nos pudiera detener o que a una de nosotras dos, a pesar de las prevenciones que tomamos, nos diera coronavirus.

No todo ha sido negativo para Sofía, asegura que estar todo el día en casa le ha permitido estar más con su familia. Ha cocinado galletas, pan de zanahoria y elote, hasta un día construyeron un campamento y comieron carne asada.

– Cuando nos digan que podremos salir y regresar a nuestras actividades, ¿qué es lo primero que vas a hacer?

-Voy a gritar de felicidad y le voy a decir a mi mami que me lleve al parque.

Una forma de vida feliz y diferente

La covid-19, es una enfermedad que a la mayoría nos ha hecho cuestionar muchas cosas y hemos buscado información que nos ayude a entenderla. Además, quienes viven con niños han tenido que buscar las formas para explicársela.

Flor Sandoval, maestra en desarrollo educativo, explica que la dimensión de la comprensión que los niños tienen hacia ciertos temas es diferente a la de los adultos. Asegura que para acercarlos a este tema del Covid, habría que pensar en la edad y el interés que ellos muestren para conocer del tema: “a los niños no hay que saturarlos con la información que nosotros tenemos. Hay que dejar que ellos pregunten, porque dimensionan de diferentes maneras la información. 

La maestra asegura que hay que ser concretos con la información que les proporcionemos, si contamos más allá de lo que ellos quieran saber o damos datos que incluso ellos no puedan asimilar se les pudiera generar stress y otros problemas emocionales que incluso no les permita dormir.

El confinamiento nos ha llevado a adultos, adolescentes y a niños por igual a replantearnos el tiempo, incluso nos ha llevado, a la mayoría, a programar las actividades durante un día.

La maestra Flor comenta que se vale ayudar a los niños a construir una realidad en casa, que aporte a crear un ambiente sano durante la cuarentena.

“Es importante echar mano de los recursos en casa para no crearles todo caótico. Es importante darles una propuesta de trabajo, dejando tiempos libres entre cada actividad. En este tiempo libre se les brinda el espacio donde podemos escuchar lo que ellos necesitan”, explica.

Ella reconoce las diferencias que pudieran darse entre cada familia y sabe que para algunas las cosas pudieran resultar complicadas, pero ante estas circunstancias que la pandemia nos presenta, invita a crear con los niños y niñas estructuras flexibles, con un horario para tareas, sabiendo siempre que lo planeado se puede modificar. También formar espacios equilibrados, con empatía y una convivencia armoniosa, en donde se les pregunten si necesitan algo y como se sienten.