CRONICAS DE UN PODRIDO: Mclolita es inmune al dolor

Por Tharwing Morosini
Foto: Salvador Alcántara

Cae la noche con suavidad en la Ciudad de México. Este jueves, doceavo día de julio de 2018 nos recibe con humedad simple… y una sola misión nos apremia después de la Jornada laboral, llegar al show de una joven mujer que porta el sugestivo nombre de MClolita. Del metro a la calle Moliere nos restan dos preguntas, este anticuado método de interrogar a la gente que vende golosinas en triciclos amarillos en lugar de utilizar algún recurso de internet nos da el camino y -a la vez- es un vago pretexto para interactuar…

Por fin en la dirección indicada un discreto anuncio nos indica que –efectivamente- ahí es RockMore, un club de Música cuya existencia desconocíamos. Polanco no es exactamente el lugar de nuestras juergas. Entramos tímidamente a un restaurante ya vacío y un señor que hace las ultimas friegas de la loza del día nos indica que efectivamente es subiendo las escaleras. De frente un portón de madera cerrado, adentro ya se escucha música. En realidad hemos llegado una hora tarde y no sé si acaso ya no hay acceso o es solo una prueba de sonido… esperemos unos minutos, del lado izquierdo hay gente que entra y sale de una misteriosa cabina de teléfono, algunos saludan otros no, todos con cierta apariencia de fumadores. Los demonios en mi cabeza dicen que no debiera estar ahí, que he llegado tarde y es una señal de que me retire, sin embargo llega un buen tipo uniformado de alguna oficina, lentes, barba y bigote Daliliano. Insisto es un buen tipo, también trata de averiguar si ya es demasiado tarde y prefiero no mentirle y decirle que no se en realidad… que esperemos. Resulta ser un seguidor de Mclolita desde que estaba en las WuanderBra… una banda de tres casi-niñas de uno de los municipios que conforman los suburbios noresteños de la gran ciudad, quienes decidieron iniciar la aventura de hacer rockanroll hace ya algunos años. Un par de anécdotas salen de la buena platica de mi recién compa improvisado de concierto, mientras se disipa la duda de si estamos a tiempo de entrar o no, se abre la puerta y están ahí…

Ella: Positiva , energica, poderosa y amable, saluda con alegría, con naturalidad.

EL: Sereno, grácil y entusiasmado en que todo salga bien.

Entre los dos( El cómo productor , Ella solista en el escenario ) dan vida a Mclolita, una chica vintage que hace electrorock, con sonidos que evocan las discos de los ochentas finamente mezclados con riffs rockeros, un poco de rap y pop suave y dulce, cierta ingenuidad maliciosa y provocativa en las letras que buscan: Un mundo mejor, un mundo feliz…

Sí, en medio de esta pesadilla Huxley-Orwelliana que acapara el siglo XXI hay una chica que apuesta por hacernos saber que solo el sueño es real.

Ya es un poco más tarde de lo que anunciaba la propa y Mclolita está un tanto impaciente porque no llega nadie… el lugar es pequeño, discreto, con una especie de lámpara enorme morada en el techo, lugar a media luz vestido de tela y alfombra… el compa oficinista que ahora sé que se llama Miguel, me platica con una notable pasión por la música como fue que eligió dejar el camino de las de este sagrado arte para convertirse en un licenciado en informática con un empleo estable en un banco.

De a poco llegan los destinados a escuchar el concierto, algunos que quizás son familiares, dos parejas de veinteañeros que deciden sentarse hasta enfrente y después un pequeño grupo de hombres mayores a los 40 años que inevitablemente me hacen preguntarme si acaso estarían sentados allí si la misma Música que escuchan estuviera interpretada por un cuarenton con cara de miraporno y no por una joven de falda corta que aún no llega a los 25 años.

La noche lista y el foro discreto pero Mclolita no se desanima y se entrega a ofrecernos un buen concierto. Mujer orquesta se dice a si misma… apoyada con una guitarra, sintetizador y una computadora nos comparte su Opera prima.

Con cierta valentía se dice “Inmune al dolor”… aunque estoy seguro que la pieza que lleva este nombre y que es el sencillo promocional de esta producción no es el mejor de los temas, hay canciones como Mr. Shaka o Violenta Top que tienen musicalmente una construcción de riffs más oscura, menos confitada. Las letras voluntaria o involuntariamente contrastantes vagan entre el idealismo, la positividad amoral e imágenes que inevitablemente a Miguel y a mí nos hacen pensar en el galopante apocalipsis que estamos viviendo.

Un cover de Depeche Mode en español aligera la noche después de que corrieron a uno de los chicos de enfrente por haber descorchado una chela que traía entre la ropa, si de por si no somos muchos pensamos todos…

-¿que no ves que estamos en Polanco?- le dice la mujer que aparentemente es la encargada del lugar en medio del bochorno.

Nosotros ( mis demonios y yo) que no somos sino unos descontinuados del sueño musical, alejados del circuito actual y con ánimos caprichosos de dar cuenta escrita de las bandas y propuestas artísticas que en estos tiempos surgen de los suburbios de la Ciudad de México, Mclolita nos suena a un viaje entre el pop y el rock industrial de los ochentas con saltos entre la dulzura y la penumbra que habita en casi cualquier ser humano. Nos recuerda al Animals de Marylin Manson y a las últimas canciones del naturaleza sangre de Fito Paez.

El electrorock es el recurso de los resistentes, de aquellos que después del inevitable y doloroso final de un proyecto gestado en la primera juventud no quieren dejar de hacer lo más bello del mundo: hacer la Música. Aun en solitario, llevando las riendas y no desistiendo. Si estuviera leyendo este articulo olvidaría todo lo que esta escrito, simplemente husmearía en el youtube con morbosa actitud para saber que o quien es Mclolita, que al final de cuentas , las palabras aquí vertidas solo son elucubraciones de un farsante que se hace pasar por periodista en medio de los laberintos del desquicio citadinos. Prometo leer algun dia a Nabokov.

37612826_1858296677526792_9007621574580240384_n