«

»

Oct 17

Una guerra que algunos no quieren ver

NO a la Paz en Colombia

En una guerra que algunos no quieren ver
Por: José De La Rosa

No, no, no. Eso fue lo que dijo un sector de colombianos el 2 de octubre al participar en el plebiscito por refrendar los Acuerdos de Paz entre la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo (FARC-EP) y el gobierno colombiano.Un enfrentamiento armado que tiene ya más de 50 años causado por problemas sociales como: la tenencia de la tierra y el modelo económico que ha empobrecido al campesinado sacándolo de sus lugares de origen. Este conflicto ha permeado a toda la sociedad colombiana en todos los ámbitos sociales, urbanos y rurales; creando zonas de suma violencia y estratos sociales muy ricos o en extrema pobreza. Una violencia que se ve todos los días pero que todos evaden como si fuera invisible.

Es increíble que en Colombia las dos partes en conflicto hayan entrado a conversaciones para la paz pero que una pequeña parte haya decidido decir NO. Digo una pequeña parte porque hay un total del electorado de 34 899 945 de colombianos habilitados para votar y solo votaron 12 808 858; con 176 946 votos nulos y 86 243 votos no marcados, lo que da un total de 13 072 047, es decir, el 37.43% del electorado, de una población total de 48 839 934 de habitantes. Las cifras no encajan desde ahí, pues la Registraduría Nacional del Estado Civil da como cifra de personas habilitadas para votar y que sufragaron 13 066 047, faltan 6000. Otro ejemplo es en el Chocó, pues en dos de sus municipios no se recibió los tarjetones a tiempo por el mal clima.

Seguramente así hay más “pequeños” detalles que pueden marcar el proceso como irregular, podría parecer insignificante pero con detalles así se hacen los grandes conflictos. El NO ganó con un porcentaje de 50.21% sobre el SÍ con un porcentaje de 49.78%, una mínima diferencia de 53 894 votos que pudo declararse como empate técnico solo que esa diferencia ya indica un ganador, que no es un triunfo rotundo solo un dato estadístico, los cuales son aportados por la Registraduría Nacional del Estado Civil de Colombia.

En el plebiscito del 2 de octubre fue la de mayor abstención en la historia de Colombia que fue del 62.6%. La indiferencia de muchos no ha sido porque no les interesara el proceso sino que ya no creen en las instituciones colombianas después de tanto tiempo metidos en la corrupción, la oligarquía política, la violencia del narcotráfico y el paramilitarismo. Sin embargo, también tiene mucho que ver que en zonas donde ganó el NO están alejadas del conflicto armado, mientras que en las que se dieron enfrentamientos y zonas de operaciones el voto fue apabullante por el SÍ.

El efecto negativo de este proceso pueden darse desde el mismo gobierno con su escasa divulgación de lo que buscaba en los acuerdos de paz y los beneficios que contraería la ciudadanía, la mala difusión pedagógica para interesar a todos en un proceso que se veía como un cambio sustancial en torno a un conflicto, no solo por la cantidad de años que lo han vivido sino por lo que ha significado en términos de violencia y las causas que lo han generado. Difundir ese contenido significaría incorporar a toda la sociedad colombiana, y además generar todo un movimiento social pacifico pero transformador, en  eso no estaban interesados algunos sectores del gobierno. Aunque también han estado involucrados miembros de partidos, organizaciones civiles, empresariales y políticos de los más conservadores en boicotear el proceso de paz.

Así, de esta forma lo ha hecho el ex presidente Álvaro Uribe Vélez y el partido al que pertenece el Centro Democrático. Él da la cara pero detrás hay un sin número de políticos y empresarios y terratenientes que le dan su apoyo. A Uribe Vélez se le ha involucrado con grupos paramilitares, incluso su hermano Santiago Uribe se le detuvo este mismo año por su participación en la creación del grupo paramilitar “Los Doce Apóstoles”. Estos grupos paramilitares siempre sirvieron para la protección de las empresas nacionales e internacionales que tenían muchos intereses en las regiones donde predominaba el conflicto armado, incluso se ha documentado que en las zonas donde hubo desplazamientos después fueron ocupados por terratenientes. Es esta la clase política que ahora ha hecho su voz presente para frenar estos acuerdos.

Pero no solo eso. Hay por lo menos una alianza implícita con los medios de comunicación colombianos como: Caracol, RCN y El Tiempo, que cuentan con sus medios electrónicos como radio y televisión, además de los digitales y la prensa escrita. Estos se encargaron de  realizar una campaña de desinformación bien articulada donde hacían mención de la información sobre los procesos de paz pero a la vez hacían debates donde predominaba el argumento político conservador o también una noticia sobre los avances del proceso y otra noticia sobre la guerrilla donde se les daba tratamiento de delincuentes para así demonizar al grupo guerrillero y generar un cierto rechazo social, por ejemplo, se dijo que al desmovilizarse la guerrilla, los guerrilleros recibirían un sueldo dos veces mayor a un salario mínimo cuando en el país la situación laboral es precaria, además de recibirlo mensualmente sin ningún cargo por ejercer, o que el país se volvería como Venezuela , cosa tan falaz.

Los mensajes estaban cargados ideológicamente con una finalidad clara, generar un rechazo a un pacto que no le interesaba al sector conservador. Los programas en días anteriores tenían un simbolismo muy cercano que denostaba la búsqueda de las transformaciones sociales, tanto que parecía que los derechos sociales fueran comparados con delitos pues las manifestaciones por mejoras en los servicios de salud enseguida eran vistas como impropias y como provocaciones.

 Por otro lado se buscó estigmatizar a la guerrilla como la causante única de  las víctimas del conflicto, que además, deberían indemnizar a las familias con los recursos millonarios que supuestamente tienen las FARC, pero nada se decía de los grupos de paramilitares que ya no existen ante los medios de comunicación, ahora se han transformado en bandas criminales llamadas BACRIM, que según los medios, no tienen nada que ver con la guerra, aunque en los hechos siguen actuando. La violencia es uno de los elementos que más ha jugado en la contención de las protestas y movilización social; la violencia en sus diversas formas hace presencia en la vida cotidiana e inmoviliza.

Los medios tienen la responsabilidad de que la población no saliera masivamente a votar por el SÍ , pues se difundieron una alta cantidad de mensajes manipulados y desinformados, no es nada extraño pues los principales medios tienen una línea editorial muy complaciente con el gobierno, tanto que parecen los voceros de propaganda del gobierno en turno. Pero hay televisoras públicas nacionales como Señal Colombia, Canal Institucional y Canal Uno, y canales regionales como Canal Capital, Canal Trece, Tele Café, Tele Pacífico, Tele Antioquia, por mencionar algunos. Son televisoras públicas que si bien tienen una programación cultural de calidad, en los noticieros no se vio  ese profesionalismo pues  estuvo poco difundido el proceso de paz.

Sin embargo, no solo  hay que buscar culpas en la propaganda mediática, sino entender que la oposición conservadora a los acuerdos de paz se venía preparando muy bien para poner a sus seguidores a hacer campaña y en eso se pudo observar a los políticos que se oponían dando declaraciones sobre por qué no aceptar los acuerdos. Los empresarios, los terratenientes estuvieron involucrados en las presiones al presidente, pues se habla de una reforma agraria en donde se devolverían tierras de campesinos que fueron desplazados de áreas que involucran a la minería y grandes extensiones de cultivos, sin dejar de lado el narcotráfico en este tema. El clero católico e iglesias cristianas también fueron  una parte importante en la oposición a los acuerdos y opinaban en los medios de comunicación sobre ello.

Y es Álvaro Uribe quien representa a estos grupos, no hay que olvidar que es en su mandato presidencial cuando se recrudece la guerra,  aumentan los desplazamientos y se dan los “Falsos Positivos”, que era presentar cuerpos abatidos de campesinos opositores por militares y presentados como guerrilleros. Se dan los más fuertes ataques a las FARC tanto de paramilitares como de las Fuerzas Armadas siendo ministro de Defensa Juan Manuel Santos, cayendo algunos de sus principales dirigentes. Incluso un ataque a un campamento internacional en Sucumbíos, Ecuador matando al dirigente Raúl Reyes y cuatro estudiantes mexicanos de la Universidad Nacional Autónoma de México.

 Son los días más violentos en tiempos de Álvaro Uribe. Pero ahora ha capitalizado el rechazo a la paz para poder llevar su agenda política al centro del debate, la presión del NO ha obligado a Santos a un encuentro con Uribe y su partido para modificar puntos del acuerdo de paz y renegociar, sin un análisis de la estrategia y del contexto actual.

Ante esto, Álvaro Uribe también ha sido señalado por su gerente del Comité Promotor Nacional por el NO “La Paz  es de Todos”, Juan Carlos Vélez Uribe de llevar una estrategia que puede catalogarse de contrainsurgencia a favor del NO con una campaña de medios que tergiversa la información y es engañosa, al dejar de explicar qué son los acuerdos y solo centrarlos en la indignación contra la guerrilla. Por este motivo Juan  Carlos Vélez ha salido del partido y denunciado para ser investigado junto con los otros miembros del Comité del Centro Democrático, donde además dio nombres de empresas que aportaron los recursos. Nicolás Maduro, presidente de Venezuela ya había denunciado días antes que la derecha venezolana estaba participando en la campaña por el NO.

Una actividad de conspiración la del Centro Democrático y sus líderes para descarrilar el proceso de paz y que el estado de guerra siga siendo un negocio benéfico a sus intereses. Aun así Juan Manuel Santos ha sido declarado premio Nobel de la Paz. Habrá que poner en duda el criterio del comité del Nobel, sin embargo este hecho da un aliento para los colombianos que sí aspiran a la paz y desean continuar en el proceso real de transformación como son las comunidades indígenas y negras de Colombia, los trabajadores, estudiantes y ciudadanos honestos que son una gran mayoría de verdad y que todos los días luchan por mejores condiciones sociales,  económicas y culturales. Esto lo han demostrado casi de inmediato al salir a las calles a respaldar los acuerdos firmados entre el gobierno y las FARC, y aun anuncian más manifestaciones locales y nacionales sin dejar de lado que desde el exterior han recibido apoyo.

La dirigencia guerrillera ha declarado que mantendrán su cese al fuego y esperan que el gobierno de Santos también, pero lo mejor es que están dispuestos a una nueva negociación sin ceder en los puntos medulares de los acuerdos, por lo que ya se encuentran de nuevo en La Habana, Cuba para los encuentros, aunque bien saben que el Plebiscito no es vinculante con los acuerdos, ellos no se oponen a un nuevo dialogo. La parte sustancial de dichos acuerdos tienen una causa en el derecho de la tierra, en las condiciones sociales e incluso laborales, un cambio en este sentido es el punto fundamental al que se opone la derecha colombiana encabezada por Uribe.

 La aprobación de un acuerdo de paz significa transformaciones de fondo en el reparto de tierra, en el sistema económico y en el pacto social que sería más participativo, ese es el punto nodal de los Acuerdos de Paz en Colombia. De no lograrse esos acuerdos aun con un hipotético desarme, es continuar con la guerra y su violencia de diferentes maneras contra la población. Pero los colombianos saben que pueden lograrlo pues ya ha sido mucho la espera para acabar con una vida en estado de excepción. La Paz se puede lograr, sentir y ver, dejar de ser invisibles y ser dignos.