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Jul 25

El PRI, como en los viejos tiempos

PRI-1-770x430Por Max González Reyes

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) llevó al viejo estilo la renovación de su dirigencia nacional. Como en los viejos tiempos, el otrora partido hegemónico movió su tablero para colocar a Enrique Ochoa como nuevo presidente del organismo.

No se puede negar que en la historia reciente de nuestro país el PRI ha sido un referente para entender la situación nacional de hoy en día.

El PRI nació al cobijo del poder y de los presidentes en turno. En 1929 cuando el entonces presidente Plutarco Elías Calles dejaba la presidencia convocó a la “familia revolucionaria” a aglutinarse y formar una sola agrupación que tuviera una presencia de alcance nacional. Fue así como partidos que tenían fuerza estatal o regional se unieron para formar el que se llamaría Partido Nacional Revolucionario (PNR). Posteriormente con el Presidente Lázaro Cárdenas el organismo se organizó en sectores (Campesino, Popular, Militar y Obrero), con lo que se cambió de nombre a Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y en 1945 cambio a lo que hoy día es el PRI, dejando de lado al sector militar. Esta  estructura predominó durante la segunda mitad del siglo XX.

Durante todos esos años el binomio PRI-Gobierno fue indisoluble. Cada vez que se movían los secretarios del gabinete se contemplaba al personaje que presidía el partido, pues sin ser formal era una especie de secretaría de Estado mediante la cual el presidente nombraba a uno de sus colaboradores. El cargo de Presidente Nacional del PRI no era menor dentro de la estructura burocrática de la administración pública, pues en él se colocaba a uno de los más allegados colaboradores del presidente en turno, incluso a quien podría ser el candidato para el siguiente sexenio, el cual desde luego era el ungido del presidente. Es por ello que todos los designados en el partido se allegaron a las órdenes del Presidente de la República.

De la misma manera la disciplina dentro del partido fue férrea pues al tenor del juego de la sillas musicales, el presidente marcaba el ritmo de los cargos, las permanencias y los lugares dentro del partido hasta del mismo dirigente nacional, a tal grado que si lo quería lo cambiaba a otro cargo o lo llamaba al gabinete formal.

Las reformas electorales que a cuentagotas se fueron dando desde 1977 vinieron a cambiar la disciplina dentro del partido. No fue sino hasta veinte años después, en 1997, cuando el PRI pierde la mayoría en la Cámara de Diputados y posteriormente en el 2000 cuando pierde la Presidencia de la República que empiezan a tomar fuerza los gobernadores emanados del partido sin llegar a ningún acuerdo en la organización interna respecto a la designación de candidato. El reflejo de ese desacuerdo fue la postulación en 2006 de Roberto Madrazo, que llevó al partido a un lejano tercer lugar de las preferencias electorales. A partir de ahí se construyó un acuerdo para buscar recuperar la presidencia lo cual llevó a Enrique Peña Nieto a la candidatura y posteriormente Presidencia.

Sin embargo, a pesar de los discursos que señalan un nuevo PRI”, la esencia del partido es la misma. La llegada de Enrique Ochoa a la presidencia del PRI, quien venía de ser Director General de la Comisión Federal de Electricidad, luego de los resultados electorales que tuvo el partido en las pasadas elecciones, que obligaron a Manlio Fabio Beltrones a presentar su renuncia, reflejan que la designación de presidente Enrique Peña Nieto se dio como en los viejos tiempos priistas. El presidente movió su tablero de ajedrez para poner a su alfil en la jugada. No será de extrañar que el próximo candidato del PRI para 2018 sea el elegido del actual mandatario, pues con la designación de Ochoa se (¿desempolvaron?) dejaron ver las viejas prácticas del priismo.

Hace algunos años promocionaban un nuevo PRI, un partido renovado, hoy vemos que no ha cambiado.