Tecomaque, un grupo de jóvenes artesanos

Texto: Ivonne Cedillo
Fotografías: Tiyako Felipe

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Frente a la mesa en la que se encuentran los materiales que dan forma a sus artesanías, Martín Flores sonríe y comenta lo orgulloso que se siente por haber fundado un grupo de artesanos en su comunidad. Dice que la emoción y satisfacción que siente es “indescriptible”, pues asegura que a cuatro años de trabajo el grupo artesanal ya comenzó a dar resultados.

Martín es indígena náhuatl, vive en lo alto de la montaña de Guerrero, pertenece a la comunidad de San Martín Tecorrales, municipio de Olinalá. A los 14 años partió a los Estados Unidos, sin embargo 15 años después decidió emprender “un viaje de vuelta a la felicidad” y regresó a casa.

Cuando llegó a la montaña, Martín recuerda haber encontrado a su comunidad sin oportunidades de trabajo y a los jóvenes inactivos en las calles, por ello es que decidió convocarlos para rescatar la labor artesanal de sus antepasados y formar el grupo que ahora denomina Grupo Artesanal Tecomaque.

Tecomaque se forma por dos palabras: Tecorrales, que es el nombre de la comunidad y Maque, la técnica que aplican en su artesanía, explica Martín acompañado de quienes dice ya son parte de su familia, los y las jóvenes que con sus manos crean el diseño de cada pieza.

El objetivo de formar el grupo “fue hacer que los muchachos empezaran a tener un oficio, entretenerlos en algún trabajo y que no anden en las calles perdiendo el tiempo”, afirma aquel hombre de tez morena y cabello obscuro.

Una de las cosas que más preocupaba a Martín era que la delincuencia y las drogas afectaran a los adolescentes de Tecorrales, por ello asegura que la artesanía que ahora elaboran, no solo les da un oficio, también les da un sostén que los ayudará a contribuir en lo económico de sus familias.

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Tecomaque, un grupo organizado

Alrededor de 28 personas forman el Grupo Artesanal Tecomaque, la mayoría son mujeres, todos con una edad de entre los 15 y 20 años. Algunos ya tienen familia, otros son estudiantes, pero hay quien solo se dedica a la artesanía pues la oportunidad para seguir estudiando no le es posible.

El tiempo que emplean para el taller es variado: “Aquí trabajamos diario pero como también hacen labores en casa pues vienen una hora o dos, dependiendo como se van acomodando, la idea es ser consistente, aunque sea una hora y esa hora aprovechar para hacer algo y aprender de otros muchachos, la idea es transmitir conocimiento” detalla Martín también nombrado coordinador del grupo.

Para las y los jóvenes artesanos es importante no solo aprender la técnica del maque sino también que conozcan paso a paso todo el proceso: “conocen desde donde viene, que raíz tiene, que representa para nosotros el maque como indígenas náhuatl y mexicanos”.

Así pues, el proceso para elaborar una pieza comienza desde la obtención de los materiales: bules que son frutos que funcionarán como vasijas o alhajeros, pétalos de flores que se convertirán en colores naturales, semillas de chia y algunos minerales que pulverizarán para convertirlo en laca o maque, sustancia encargada de dar brillo a cada pieza.

Si hay algo que caracteriza a Tecomaque es su organización y la forma en la que comparten su conocimiento. Nadie debe quedarse sin realizar una actividad, todos participan en la recolecta de las flores, todos siembran la chia y los bules y también muelen los minerales. Si para uno es complicado un ejercicio, este es apoyado por los demás.

“No podemos aprovecharnos de alguien que sabe más, ni de alguien que sabe menos. El que no sabe o no lo ha dominado lo ayudamos a que lo domine, a las personas que se les dificulta aún más buscamos la manera de cómo ayudarle a él y si no lo supera vemos en que puede contribuir a este grupo”, aclara el creador de Tecomaque.

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El maque, una técnica por rescatar

Cuando Martín decidió conformar al grupo artesanal, él no dominaba la técnica del maque por completo. Platica que algunos abuelos la sabían pero nunca les compartieron el conocimiento para que ellos lo utilizaran como oficio o un trabajo que les ayudara en un futuro.

Al no considerarse un experto, Martín decidió buscar quien complementara aquel conocimiento. Es así que por medio del Instituto de Capacitación para el Trabajo (ICAT) logró gestionar un taller para su comunidad.

Reconoce que el esfuerzo y dedicación de cada integrante para dominar la técnica ha valido la pena, pues sus objetivos han crecido, ahora buscan distribuir su artesanía y con ello preservar una técnica prehispánica que había dejado de practicarse.

“Desgraciadamente México no conoce lo que es el maque, la idea es que se conozca, difundirla para que los mexicanos sepan lo que tenemos aquí y no lo estamos revalorando. Más conocen lo que viene de China que lo que se produce dentro de nuestro territorio, este es el objetivo también”, recalca el coordinador de los jóvenes artesanos.

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Tecomaque en construcción

Cuando el ICAT impartió los cursos, los jóvenes artesanos tenían que trasladarse a otra comunidad, posteriormente Martín adaptó un espacio en su casa para que recibieran el conocimiento ahí. El espacio ahora funciona como su lugar de trabajo.

Gracias al apoyo de algunos programas gubernamentales, como SEDESOL, pero sobre todo al apoyo de organizaciones solidarias; el grupo ya comenzó la construcción de un nuevo espacio. Son los integrantes de Tecomaque quienes realizan la construcción del lugar, sitio que visualizan también como biblioteca, “para que en sus ratos libres puedan leer un libro”.

Gracias al apoyo de organizaciones y personas que en el camino ha conocido Martín Flores, las piezas artesanales ya han sido expuestas e incluso algunas vendidas en instituciones educativas de la Ciudad de México, tales como: la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad Autónoma de Chapingo, entre otras.

Estas exposiciones han logrado que el trabajo de los artesanos de San Martín Tecorrales se conozca, no solo eso, han permitido que los integrantes expongan de viva voz el trabajo que han realizado, en su comunidad y en el Distrito Federal, dejando en ellos una gran experiencia y satisfacción, como es el caso de Basilio Damían Flores quien mientras explica y muestra su trabajo platica con orgullo su experiencia en el grupo artesanal.

“estoy emocionado de que ustedes nos visiten, lleguen personas de afuera y conozcan el verdadero arte de aquí o lo que hacían nuestros ancestros. También es levantar lo que nuestros ancestros hacían, porque esto ya casi nadie lo trabaja. Este es el motivo que yo tengo de ser artesano y levantar ese trabajo”

Basilio tiene 18 años de edad, cuando él era pequeño su papá viajó a los Estados Unidos, jamás volvieron a saber de él. Desde entonces su madre sola se ha encargado de él y sus hermanos. Esta situación dejó a Basilio sin muchas oportunidades, como no ir a la escuela, sin embargo la labor que ahora desempeña en Tecomaque lo hace un experto en su trabajo y un hombre orgulloso de lo que crea.

Historias como la de Basilio, están las de Domitilo, Florencio, Marcelino y las de todos sus compañeros y compañeras del grupo, experiencias que hacen que Martín Flores no abandone el trabajo y coordinación de Tecomaque.

“Mi labor social no se trata nada más de la artesanía, sino de todo, aunque llego a chocar porque soy el que cuestiona, el que habla, el que opina. Nos tiraban de locos diciendo que no teníamos nada que hacer en la casa, pero ellos siempre se mantuvieron y los resultados ya se van dando”, concluye Martín Flores.

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Para conocer más sobre el trabajo de los artesanos y saber donde realizarán sus exposiciones pueden visitar su perfil de facebook: Grupo Artesanal Tecomaque.